—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

¡Juá!

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Lo aprendiste todo, Ignatius, todo, salvo cómo debe comportarse un ser humano.

La conjura de los necios (A Confederacy of Dunces), de John Kennedy Toole, escrito en los años 60, publicado en 1980, Ed. Anagrama, trad. de J.M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez


Opiniones he visto por ahí que dicen que Ignatius Reilly, inteligente y profundamente cultivado pero sobre todo sucio, mentiroso, manipulador, perezoso, reprimido, egocéntrico, despótico, plañidero e incapaz de conexión empática con nadie, es entrañable. Casi siempre se le da a la palabra un significado parecido a "que produce ternura", pero aquí ni éste ni el ortodoxo encajan.

Puede que sea la costumbre de poner adjetivos uno detrás de otro sin pararse a pensarlos. Puede.

Bajo mi limitado punto de vista, Toole sólo salva de la quema de su sarcasmo a Burma Jones, aunque reclame el derecho a tener un acondicionadó de aire y un televisor en coló. O a lo mejor precisamente por eso.

1 comment

porksh
21 de enero de 2009, 1:46

jua¡

Ignatius son muchas personas y un poco nosotros mismos tremendamente a solas