—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

Y con aquel beso se despertó

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Cuando ya habíamos cogido el ritmo, de repente en no sé qué noche se coló el relato de la Bella Durmiente.

Lamento enormemente el tsunami asociado.

Lamento hasta el dolor los Shahriars que desaparecieron entre tanto; fraga y orión.

Pero tú, el literario, sigues aquí. Si en algún momento llega a merecerlo, ilustraré tu alcoba pintando tan sólo unos labios femeninos entreabiertos en primer plano y, en segundo, unos ojos masculinos concentrados, aún no sé si mirando atentamente esos labios, o si con la mirada perdida en la llama de la vela y la imaginación absorta en las palabras de la cuentista. De momento la ilustración de Nielsen seguirá acompañando, casi dos años después.