—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

El espíritu de los tiempos

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Escribiendo un borrador para una entrada interrumpo para ver Zeitgeist, y la bofetada, o más bien zarpazo porque no es un conocimiento nuevo que me coja por sorpresa sino una serie de hechos sabidos uniéndose para formar una imagen reconocible que me salta a la cara, me arrebata para escribir desde la víscera mi convencimiento de que todo el mundo en todo el mundo, los seis mil millones, debería sacar su propia conclusión sobre él, pero verlo al menos una vez. Verlo y luego decidir si acogerlo o desecharlo. Verlo.

Por encima de la demagogia y la forma en que Zeitgeist nos quiere dar las conclusiones que Zeitgeist extrae (cada vez le tengo más aversión a la grandilocuencia), conclusiones con las que uno puede o no estar de acuerdo, los hechos son hechos. Mi lógica particular, a la que desde luego no tengo por infalible, ya hace tiempo que me regaló mi visión personal sobre JS, a quien sigo creyéndole un germen bien humilde pero real, y mi fantasía maquiavélica sobre BL, ocupante de una luminosa oficina en algún corazón financiero. En esto entonces no hay sorpresa. Todos los demás hechos desconocidos de cuestiones farragosas encajan como matrioskas, y aunque este encaje tan conspiranoicamente perfecto también lo pongo en cuarentena (conozco bien las debilidades de los frenólogos del s. XIX heredadas hoy, en esta época en la que hay más dilentantes que nunca), me reafirma en mi necesidad de cuestionar las versiones oficiales de cualquier asunto.

En bastantes cosas de las vistas hace quince minutos, estoy más cerca de la visión conspiranoica que de la oficial. Y eso es pura miseria.


(La existencia de tantos dilentantes hoy tiene objeciones y una lectura muy buena -> dudo mucho sobre si poner "y" o "pero", dudo también quién merece estar en el lugar preeminente de la frase, las objeciones o la lectura muy buena -> y salvando todas las distancias me estoy notando la obsesión de Foster Wallace y me veo no acabando esta nota al pie nunca.)