—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

Atavismo ucrónico

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Desconozco las razones que mueven al reflejo de hacer aspavientos
y montar un número
cuando un pequeño bicho de muchas patas, y a veces muchos ojos, cae sobre tu chaqueta o te mira desde un lugar situado a la altura de tus ojos.

Mi razón irracional es la perspectiva, siempre insoportablemente bien visualizada, de que salte a mi cuerpo y,
en cuestión de segundos,
me devore el esternón.

Y la mandíbula inferior.