—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

El séptimo sentido

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A veces se encuentran regalos donde no se los espera, y entonces se recupera por un instante la emoción genuina, tan difícil de sentir a partir de cierto momento vital. No esa emoción grandiosa de un hermano que se convierte en padre o un licenciado que consigue su primer contrato no basura, sino la que sentíamos de niños cuando alguna incongruencia grotesca y deliciosa, de esas que más hacen reír que otra cosa, nos hacía sospechar que el mundo era más grande y sus habitantes tenían más dimensiones de lo que veníamos pensando.

Hace años, mi participación inusual, activa y cómplice en el final de Hana Bi («al menos pásale el brazo por el hombro») dejó una milésima parte de mí junto a este hombre. Su castillo pasó a ser una de esas capas de la cebolla que es mejor no juzgar porque la vida es así. Hoy otra milésima se fue con él.


Zatoichi, de Takeshi Kitano, 2003. Música de Keiichi Suzuki


El que no quiera entenderlo, que no lo haga. El séptimo sentido es el del ritmo.