—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

La superioridad del sumiso

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Leo que a Portero de noche se la criticó en su día por varios motivos, y que uno de ellos fue presentar de modo favorable al oficial de las SS, luego portero en el hotel de los cubiles. No veo esa intención de simpatía por ninguna parte.

La insania de estos dos personajes es respuesta natural al horror. No hay demagogia, no hay bondad ni maldad, no hay heroísmo ni cobardía en la reclusión, ni grandeza o miseria en la sumisión. Hay reacciones, entendibles o no según la psicología de cada espectador, de dos personas que tienen la suficiente humanidad como para no haber sido capaces de moverse con completitud humana por el tropiezo más macabro de la Historia, ni de salir indemnes de él. En la escena del reencuentro por los suelos de la habitación, se siente en el corazón el vacío de la desesperación por la inevitabilidad de reavivar lo que ya había sido (aparentemente) dejado atrás, al mismo tiempo que un contento al escuchar la risa de Lucía.

A la pregunta formulada, ¿preferiría una relación masoquista, o una relación pseudo-incestuosa de protección paternalista? En la respuesta real: la libertad te llama desde dentro y no podría aceptar las hostias nacidas del miedo a perderme. Entonces tendría que escoger, una vez más, la segunda opción. En la respuesta literaria: hay un ansia, sí, una desearía abandonarse a un cierto sometimiento a una personalidad de aristas que sintiera debilidad por una, y por despertar una pasión y una ternura como la que Max siente por su pequeña. Eso no quiere decir que una desee la violencia física de ese amor, sino experimentar el torbellino de una compenetración absoluta, conflictiva (para que esté siempre renovándose) pero segura de sí.

Tras la película descubro el concepto de "metaconsenso", y pasa a interesarme mucho más la figura del dominante. Lucía ve el poder que tiene sobre él, y por lo tanto sobre su propia realidad, con el regalo de la cabeza. Lucía se agazapa como un animal en el suelo, sabiendo que cuando le mira desde abajo en realidad le está mirando desde arriba, lo que al final les coloca al mismo nivel.