—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

-ína

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Sherlock Holmes y Robert Downey. Qué mejor combinación podría reconciliarme un poco con mi psique.

No creo que me gaste los euros en la película, ni el tiempo de una descarga en internet por, sobre todo, la "atracción por Irene Adler". No debería ser atracción, debería ser admiración, en el caso de Holmes sin componente erótica, ante una mente en la cual casi reconocerse (no puede haber mente igual a la suya, ni femenina ni masculina). Porque incluso aunque pudiera haber sido la única ocasión en la que este hombre ficticio fantaseó con la posibilidad de una compañera, no la hubiese deseado con la cabeza pequeña, sino con la grande, la inmensa cabeza de un solitario que jugaba a su antojo con el mundo porque no había manera de sentirse parte de él, y que si había encontrado a otro casi igual al cual tampoco podía acercarse (era su archienemigo), debía parecerle frustrante prever que el culmen de la aproximación no sería la compañía y el reconocimiento, sino el abismo de unas cataratas.

Los paisajes del alma

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La cándida enciclopedia electrónica pre-internet desapareció de la vista al toque de las primeras notas, e incomprensiblemente (dado que el tema daba pie a escenas nocturnas, por las que tanta querencia sentía la imaginación) se presentó el sol, si bien oculto. Con una recurrencia de días, los ojos de la mente se recrearon en una vasta habitación colonial en penumbra, tan grande que el suelo se dividía en varios niveles. Uno de estos niveles conducía hacia los ventanales que, de techo a suelo, franqueaban el paso hacia el exterior, donde había una terraza que se abría, puede que sobre un jardín tropical, puede que sobre una arboleda umbría y exótica, tal vez a ambos. Los rayos de sol de la hora de la siesta se abrían paso a través de las persianas laminadas y acariciaban los muebles viejos armados en madera noble, más sólidos que la propia casa. El olor de un lugar limpio repleto de libros, muebles, telas mil veces lavadas y plantas exuberantes. Y una mujer cantando y abanicando suavemente sobre una cuna con una hoja de palma.

Esteta

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El vídeo me conquista, y esta conquista me disgusta por lo que tiene de manipulada, aun siendo mi arrebato alérgico, como siempre, a la grandilocuencia de los textos. Que te secuestre el corazón la contemplación de unos niños que dan inconscientemente una alegría sencilla a quien la necesita con mucha consciencia, es una cosa. Que veas estas escenas y te encuentres pensando que el autor de este vídeo habría acertado más si hubiera mantenido la primera canción(*) hasta el final, es otra muy distinta.

Apela a una emocionalidad tramposa, inducida.

Me pregunto si volverá a darse esa espontaneidad incondicionada en una revolución, la que no mide el futuro impacto mediático de sus movimientos. Hoy, cualquier temeridad se realiza con la consciencia plena de las cámaras que le apuntan a uno a la espalda. Sabiendo que mañana los informativos arrancarán con tu imagen, que los periódicos de medio mundo hablarán de ti, seas una sola persona o una multitud indignada, y que siempre habrá un apologista que, con música especialmente seleccionada, hará de tu historia una película con la que el espectador de la realidad pueda experimentar masificadas elevaciones del espíritu.

No estás solo, la Sociedad de la Información, que es decir el mundo, está pendiente de ti.

Otro:
Desde el minuto 8:10: http://www.youtube.com/watch?v=fhWQ_VIh8sE

Varios periodistas filmaban desde el hotel, pero quienes corrían no lo sabían. No eran actores semi-conscientes de los que, repito, calculan el futuro impacto mediático de sus actos, sino padres que habían ido a buscar a sus hijos. Hoy sabemos lo voraces que son los medios, ese gran dios que todo lo ve y que por fin se manifestó en la Tierra para condicionar

a) nuestro conocimiento del mundo, y
b) la forma en la que el mundo reacciona ante este dios y, por lo tanto, ante quienes le miramos.

Es tarde, Shahriar, y hace frío. Añoro los amaneceres de principios de verano, cuando al detenerme seguíamos estando, seguiremos estando (medio vacía, medio llena) muy cerca de la madrugada.


(*) Politik, de Coldplay