—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

-ína

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Sherlock Holmes y Robert Downey. Qué mejor combinación podría reconciliarme un poco con mi psique.

No creo que me gaste los euros en la película, ni el tiempo de una descarga en internet por, sobre todo, la "atracción por Irene Adler". No debería ser atracción, debería ser admiración, en el caso de Holmes sin componente erótica, ante una mente en la cual casi reconocerse (no puede haber mente igual a la suya, ni femenina ni masculina). Porque incluso aunque pudiera haber sido la única ocasión en la que este hombre ficticio fantaseó con la posibilidad de una compañera, no la hubiese deseado con la cabeza pequeña, sino con la grande, la inmensa cabeza de un solitario que jugaba a su antojo con el mundo porque no había manera de sentirse parte de él, y que si había encontrado a otro casi igual al cual tampoco podía acercarse (era su archienemigo), debía parecerle frustrante prever que el culmen de la aproximación no sería la compañía y el reconocimiento, sino el abismo de unas cataratas.