—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

Lenguaje fílmico no es lo mismo que lenguaje literario seleccionado, fragmentado y sin contexto propio, filmado

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El lector (The Reader). Se la considera un futuro clásico, se le rinden homenajes a la impecabilidad técnica (sí) e interpretativa (rotundamente sí), y se desmenuzan las complejidades de su trama, pero con esto último no estoy de acuerdo porque en este caso los méritos son de la novela, y los fallos, de la película.

El lector me emocionó mucho, a pesar del pero que luego comentaré, hasta la mitad de la historia, hasta el punto en el que el protagonista reencuentra a la protagonista, algunos años después de la traumática separación. Ese punto de inflexión, núcleo de la historia, me desinfló, no en cuestión de minutos sino de segundos. No. Que una persona sacrifique su libertad y su futuro por conservar la "dignidad" manteniendo en secreto un aspecto de su vida tan nimio, dignidad mal entendida, no me parecía ni creíble ni aceptable como catalizador del drama. Cayó el telón de mis emociones y taché un par de nombres de mi lista mental "para recomendar a".

Esto hizo que admitiera peor el primer pero que le había encontrado, a saber: hubiéramos agradecido que no nos hubieran contado el secreto tan pronto como el director (o el guionista, nunca me queda claro esto) encontró el primer hueco para hacerlo, a los pocos minutos de empezar la película: que lo hubiéramos descubierto al mismo tiempo que el protagonista en ese zoom demoledor del juicio. Conseguirlo habría tenido mucho mérito.

Una persona que ha leído el libro me cuenta que difiere de la película en dos cuestiones importantes: primero, el secreto está más velado en el comienzo; segundo, la personalidad de ella durante la relación con él está bien dibujada: tiene dimensiones y son desagradables. Ella es déspota, maltratadora, es decir, acorde con lo que luego se desvela de su pasado nazi. En una personalidad retorcida me resulta más fácil imaginar lo que ella puede llegar a entender por retorcida dignidad a la hora de sacrificar o salvar su libertad. Y entonces veo lo plano que era el personaje de la película, algo que me picaba en el cerebro mientras la veía y no acababa de saber dónde.

A una adaptación no se le puede notar que lo es. No es posible, como recientemente, ver La pasión turca con cara de esparto ante una protagonista increíble (en el sentido literal de la palabra) que acepta que su amante la veje, la prostituya, le pegue, la obligue a abortar, le robe su capacidad para tener hijos, que es lo que ella más deseaba en el mundo, y que sigue con él porque la llena de vitalidad más sexual que amorosa, decidiéndose a volarle los huevos sólo cuando él le dice que nunca será la única mujer ni en su vida ni en su cama. Esto va en personalidades, y a la mía no le encaja la excusa de la gota que colma el vaso del resto de despropósitos. El conjunto no es creíble, y tengo que irme de investigación para descubrir (no era difícil adivinarlo) la densidad de la psicología de la protagonista de la novela, errada o no en su concepción del amor, pero que justifica mejor lo que ocurre en la historia.

Pues una adaptación cinematográfica no puede crear la necesidad de ir a la novela para completar el cuadro. Sucede por ejemplo con Cadena perpetua, que me parece maravillosa y nunca he sentido el impulso de irme al libro aunque en mis tiempos fuera asidua de ese escritor (sí.......). Y sucede con Lo que el viento se llevó, cuyos personajes hay que analizar a partir de los elementos que da la película, y no la novela, porque se ha ganado el derecho a ser llamada obra completa y completamente independiente de cualquier hoja impresa.

Puede que el panorama europeo echara de menos tener otro éxito de la profundidad de La vida de los otros. Pero El lector no lo desbanca.