—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

Largo tiempo

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La dama de azul le miró ponerse los pantalones, con una sonrisa que quería ser socarrona. Seguir llamándola así era cosa de costumbre, porque hacía horas que estaba junto a él, y bajo él y sobre él, sin una pieza de ropa sobre su admirable cuerpo.

– Es irónico.

– No, es práctico. Partiremos al alba y quiero estar con ella cuando despierte. También quiero ver cómo está. No debería haber dormido sola después del golpe que le dieron ayer.

Se volvió y la contempló tendida en la gran cama barroca. La socarronería de su sonrisa se había desvanecido, y a la luz de las velas la encontraba hermosa como el placer más prohibido que se pudiera imaginar. Se echó de nuevo junto a ella, y se acariciaron y besaron durante algunos momentos más. Cuando Albert daba muestras de que se iría, ella volvió a disfrazar su sonrisa.

– Sé que no estás obligado a nada, pero me gustaría que me prometieras que no te la tirarás esta mañana estando yo tan cerca.

La sonrisa de él era tan inesperadamente sorprendida, que ella se avergonzó e hizo un mohín burlón.

– Explicarte la relación que hemos tenido Angie y yo durante nuestro viaje me llevaría tanto tiempo, que ahorraré el de los dos si me limito a prometértelo: ni hoy, ni mañana, ni cuando hayamos abandonado el país. Mucho tendrían que cambiar las cosas –y ya no pudo continuar, interrumpiéndose para reír con una risa franca que nadie le había oído nunca en los tres meses que llevaba en el castillo.

Ella se echó y cerró los ojos, diciendo que le bastaba con eso.

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Alianza

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And here’s to you, Mr Tennyson Murphy has not finished yet with you (woo woo woo)
I know you want, Mr Tennyson
To clear the clouds in every single way
(Hey, hey, hey… hey, hey, hey)

We’d like to ask you for a better place to close your eyes
We think that all your life is just the best
Stay with us and you will learn to be so satisfied
And in every single face you’ll see your fate

And here’s to you, Mr Tennyson
Murphy has not finished yet with you (woo woo woo)
I know you want, Mr Tennyson
To clear the clouds in every single way
(Hey, hey, hey… hey, hey, hey)

Take a deep breath where the mountain ends its peaked height
See the sea that shines so clean in sunset
It’s your little secret, you will never be the same
A new kind of riddle is what you’ve got here

Coo, coo, ca-choo, Mr Tennyson
Murphy has not finished yet with you (woo woo woo)
We know you want, Mr Tennyson
To clear the clouds in every single way
(Hey, hey, hey… hey, hey, hey)

Keeping your belongings on the bottom of your heart
Laughing at those men with so much faith
In the skills they think they have, and
Think that they deserve
But you prefer to have your nerve

Stay with him, pop insanity
You help him with your truth to enjoy the show (wo, wo, wo)
You’ve got to choose, Mr Tennyson
Which the best line is for you to say
(Hey, hey, hey… hey, hey, hey)

Trama sin desenlace

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Él vino a verme y me hizo sentir importante. Tras un relámpago que duró seis años, vino un trueno de una noche que me dio la vida y me reconcilió conmigo. Durante la cena, mientras en la pared proyectaban a lo Cinexín escenas míticas de películas de terror y ciencia ficción de hace varias décadas, comentó que le gustaría quedarse una noche más, o toda la vida. Empezando a conocer su espíritu guasón, preferí reprimir el «si por mí fuera…». También durante la cena supo que podría quedarse toda la noche, y la vuelta a casa fue más tranquila; el amor de después, sin el apresuramiento que temíamos; poder poner el reloj de cara a la pared, una bendición.

Dos días después, ayer, recordé que era festivo y arrastré mis agujetas hasta la feria del libro. Plácida, feliz, tranquila, complacida. Con silencio en la cabeza por primera vez en bastante tiempo. Ni los madrileños y su poca empatía como transeúntes conseguían cabrearme. Flotaba en el colchón del bienestar. Paseaba por la trastienda del Madrid de la tele. Pasaba a dos metros de la voz, las gafas y las afiladas ocurrencias de Thais Villas (ya me gustaría a mí esa rapidez verbal y mental), pero Madrid no se detenía, Madrid seguía, su inercia era más fuerte que el magnetismo hipnótico del faranduleo. Desde una caseta, una mano y un libro se estiraron hacia mí, y cuando seguí el punto de fuga del brazo, vi que me estaban reclamando los mares del sur de los ojos del Juan Luis Cano de mis amores de los dieciocho años. A su lado, Toni Cantó.

Me acerqué y me dejé envolver un rato por ellos. Pagué el libro de los vecinos de Torrelodones sin pensarlo demasiado. Para eso estaban ellos allí, para que yo no pensara demasiado. Pero como siempre, desaproveché el momento (ya me gustaría a mí esa rapidez verbal y mental), y me fui rauda y veloz tras desearles suerte con la firma, en lugar de inclinarme golpeándome con el índice la mejilla para recoger los besos prometidos en la dedicatoria. Decirles que quería un par de besos por aquella versión flamenquita de The way I’m feeling tonight de hace años, con el mismísimo Paul Carrack a la guitarra, y otro par por el huracanado personaje de El pez gordo de hace meses, que tanto me hizo reír. Y terminar con un «ya sabéis lo que dicen de una mujer que se ríe con un hombre: que se enamora un poco de él. Con todo el respeto debido a vuestras señoras, que yo a los hombres casados ni me acerco». Porque puedo fantasear con ser hipócrita, aunque en la vida real los intereses de la supervivencia social batallen cada día con una transparencia demasiado grande, rebelde y anarquista.

Debería haberles dicho eso. Debería haber dicho también hace dos noches el «si por mí fuera». La vida grita a veces pidiendo un poco de inconsciencia para hacerse más alegre y cómplice, y las segundas oportunidades son raras. Volví veinte minutos después a la caseta a por mis besos, pero ya estaba llena de gente. Ya no les hacía falta atraer a nadie desde la distancia. La gente agolpada arrancó en aplausos con sonrisas muy grandes. Seguramente él acababa de cantar.