—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

Escoltando un carromato en la nieve

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¿Por qué se me ha quedado esta entrada en el tintero durante tanto tiempo? En una tarde luminosa del mes de mayo, mientras adecentaba la casa para la llegada de mi alegría del alma, una canción sonó en la radio entre los rayos de sol.

White Winter Hymnal, The Fleet Foxes

Prendada, investigué la letra. Pensemos sólo en ella:
I was following the pack
All swallowed in their coats
With scarves of red tied around their throats
To keep their little heads
From falling in the snow
And I turned around and there you go
And, Michael, you would fall
And turn the white snow red as strawberries
In the summertime

Pisoteando un poco la mezcla de tiempos verbales del final, la traducción puede decir algo así como:
Yo iba siguiendo al grupo,
todos tragados por sus abrigos,
con bufandas de lazo rojo alrededor de sus gargantas,
para evitar que sus pequeñas cabezas
cayeran sobre la nieve.
Entonces me volví y ahí está,
Michael, caíste,
e hiciste que la nieve blanca se volviera tan roja como las fresas
en verano.

Equivocar "scarves" (bufandas) por "scars" (cicatrices; la imaginación exagera hasta heridas); fantasear con que no fueran las bufandas del segundo verso las encargadas de evitar que sus pequeñas cabezas cayeran sobre la nieve, sino el yo del primero ("yo iba siguiendo al grupo (...) para evitar que..."). Así, sin mayor esfuerzo, una canción de inocente significado oficial se convierte en la descripción de la penosa tarea de escoltar un carromato de macabro contenido por las tierras y los años del juez Lynch, gracias a una imaginación tan en buena forma como antaño.

Amanece y son casi las ocho y media. Nos dirijimos por fin lentamente hacia los crepúsculos de madrugada.