—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

Cinismo a borbotones en el siglo XX

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Ha transcurrido el sábado entre tres libros, el recorrido del sol en el borde de la cama, la brisa que entraba por la ventana abierta y el silencio de este enorme, milagroso, patio de manzana, que aun en el centro de Madrid está tan lleno de luz y de silencio.

¿Son muchos libros para un día? El caso es que son breves: "El siglo XX y otras calamidades", del Marqués de Tamarón, artículos con temática que se explica sola con el título del libro; "Sangre a borbotones", de Rafael Reig, narración detectivesca en un presente paralelo en el que España forma parte de una Federación estadounidense, el petróleo se ha terminado y Madrid está atravesado de norte a sur por el canal navegable de la Castellana; y "Los cínicos no sirven para este oficio", de Ryszard Kapuscinski, tres transcripciones de sendas conferencias sobre lo que el periodista polaco considera que es el periodismo de calidad.

Se imbrican suavemente, y también con la realidad de mis días; el Marqués de Tamarón y Kapuscinski coinciden en su mención al fin de la historia de Fukuyama y su opinión sobre Unamuno; Reig y Kapuscinski se acuerdan de Walter Benjamin. Y es la última página que leo (de Kapuscinski) la que me deja la reflexión sobre la utilidad de mi sábado:

«Naturalmente, escribir es una selección, una elección, una decisión. Pero sé, por mi trabajo, que quien escribe intenta atraer al lector hacia el gusto por las palabras. Luego, de pronto, encontramos a alguien que ha leído un libro nuestro en una hora. Eso significa que no lo ha leído, porque ese libro estaba destinado a durar una semana, un mes, sólo para llegar a entender algo del mismo».

Sí, tres libros son muchos libros para un día, aunque creo que sólo el primero exigía una lectura más calmada. Y volveré a ellos, a todos, en otro momento. Hoy sólo necesitaba recuperarme de una sequía lectora de varios meses impuesta por la carrera (y aquí vuelven a imbricarse con mi realidad, porque no he podido evitar que uno de ellos pivote sobre el periodismo) y del sábado saco tres opiniones:

- Que el Marqués de Tamarón es injustamente desconocido por el público en general. Sus reflexiones idiomáticas son menos amenas que las puramente históricas, pero todas sirven al propósito que tiene la recopilación de artículos.

- Que el de Rafael Reig me ha hecho disfrutar y recuperar un poquito la confianza en mi pocho olfato para la ficción actual. Hace muchos meses que los únicos libros contemporáneos que leo son ensayo, y busco que la ficción sea de antes del XX porque con la de ahora no tengo manera de acertar. "El curioso incidente del perro a medianoche", "El niño con el pijama de rayas" y "Millenium" (trilogía de la que sólo leí el primero) me cabrearon bastante y me he hicieron rendirme con todo lo demás (perdiéndome muchas cosas buenas, seguro).

- Que Kapuscinski me ha abierto el apetito para "Ébano". Y ése, seguro que sí, necesitará varios días, pero ya en otro momento.

1 comment

Gacela
27 de mayo de 2011, 20:19

Ébano es un libro delicioso, a mí me abrió los ojos a realidades que no conocía y me gustó mucho. Seguro que lo disfrutas un montón... :-)