—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

Fogonazo

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Cómoda en la mecedora recién comprada. Madrid nocturno al otro lado de la cortina. Unas tareas de radio y "La conversación" en la televisión. Saxo. Independencia. Noche. Autonomía. Formación. Alucinaciones nocturnas. Renuncias. Salud. Malestar. Bienestar.

Tengo mala memoria. Debo guardar esta alcoba, aunque la cotidianeidad no quede reflejada en ella.

La noche del alma

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—Matushka, ¿por qué tenéis miedo?

—¿Por qué tengo qué?

—Creo que tenéis miedo; los extraños os dan miedo. Conocí a una mujer en Prokovskoe, mi pueblo, una aldea de Siberia. Y esa mujer tenía tanto miedo a los extraños que se compró una caja de madera de pino y vivía en ella. Un día, su marido clavó la tapa, hizo un hoyo y la metió en él. «¡Lvan, no!», gritó ella. «Sólo quiero hacerte feliz», respondió él. «Lo sé. Pero el cielo está lleno de extraños... ¡sácame de aquí!».

Nicolás y Alejandra, de Franklin J. Schaffner (1971)