—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

A la sombra de las flores

+ Sin comentarios
La melancolía asalta siempre de improviso. Pero a veces sorprenden los motivos que la hacen venir.
Me propuse cuidar ese vínculo durante mucho tiempo y declaro mi fracaso. Parece que no ha podido ser. No sólo porque me gusten el humor y la humildad, sino porque en estos años he comprendido que las energías de uno no son infinitas y hay que invertirlas en personas con las que se congenie de verdad, no con las que parezca que se congenia en una fase en la que se suponen más cosas de las que se saben.

En esta madrugada canalla, sin embargo; en esta madrugada solitaria intentando calmar esa pulsión eterna que ya aburre mencionar, una frase leída por casualidad me ha transportado en un vuelo a la primera, casi única, noche con él. Noche extraña para mí, punteada de situaciones insólitas en las que la espontaneidad se había mezclado con mandatos que me habían hecho sentir más ajena que cómplice (soy cerebral, no visceral). Al final me dejó sola en la cama durante muchos minutos, y su regreso me hizo preferir fingir dormir (*). Además de estar ensimismada pensando, como siempre, en lo que acababa de ocurrir (repito, reacciono ante el mundo con el cerebro, no con el vientre y pocas veces con el corazón), no sabía cómo podía ser la intimidad con ese hombre excepcional. Época imbécil ésta, en la que una complicidad genera más incertidumbre que el sexo previo.

Se acostó a mi lado y llevó su mano a mi corazón. Siempre he pensado que quería comprobar si estaba dormida. No sé si captó el fingimiento o no. Luego me dio un sencillo beso en la espalda.

Su mano en mi corazón y el beso en mi espalda son recuerdos grabados en mi memoria para siempre. Así, la excitación de esta madrugada se esfumó, suave. Estaba fuera de lugar. El esplendor en la hierba no sólo es la juventud perdida, sino los recuerdos de pura simplicidad o comunión o bienestar o espontaneidad o... que dejan en el ánimo una mezcla de agradecimiento y remordimientos y gozo y melancolía y...

______________________

(*) No voy a cambiar esa estructura verbal.