—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

Silencio que no es sepulcro, oscuridad que no es ceguera

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Quién me diría a mí ayer por la mañana en la capital del reino, con mis problemas laborales, la boina de contaminación, el ruido eterno, el calor abrumador, las prisas estresadas y el espíritu desangelado; quién me diría a mí ayer a las 12 de la mañana que, 12 horas después, a las 12 de la noche, estaría en un lugar solitario, rodeado de bosques, sin una sola luz eléctrica en un kilómetro a la redonda ni resplandores urbanos en más de diez; que estaría mirando hacia arriba, reencontrándome con la Vía Láctea y contando lágrimas de San Lorenzo; que a mi alrededor, el silencio caería como una manta fresca, ese silencio que, en la capital (si tienes la suerte de que tu minipiso dé a un patio de manzana), puede ser, muy entrada la madrugada, el silencio de una tumba; pero que aquí viene punteada con el canto rítmico de las cigarras en primer plano, el de un grillo un poco más distante y el de la lechuza lejos, más lejos en el interior del bosque.

Es posible que, de vez en cuando, la maleza se agite; querrá decir que un animal nocturno está atravesando sus dominios en busca de un deslizamiento rápido, ya que no discreto. Y si, en una casa lejanísima, ladran unos perros lejanísimos, quizás es porque te están sintiendo.

Todo esto ocurrirá en un primer plano de tu percepción auditiva, y sin embargo, por no sé qué atávico criterio, lo calificarás de silencio. Y no estarás mintiendo. Tampoco sabrás lo que es la oscuridad mientras no te encuentres en una situación semejante. No cuando cierres las persianas del todo y bloquees cualquier posibilidad de luz, no (eso es ceguera): sino la oscuridad de la naturaleza cuando no hay ni una sola luz artificial y bañas tu mirada en las estrellas.