—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

Xenreira

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Mi acompañante señaló el trisquel de la pulsera y apuntó que, en el mundo BDSM, se trata de un símbolo de sumisión. «No lo lleves más al trabajo», advirtió. Decepcionada, busqué más información, para descubrir que no son todos los trísqueles, sino solo este diseño. Pero, como corresponde a un símbolo que ha surgido a capricho hace un rato, también he podido ver en la red que buena parte de la comunidad BDSM se ha hecho la polla un nudo y se identifica con cualquiera.

Surgen dos reflexiones:

Que los practicantes gallegos de BDSM tienen que ser necesariamente más vivos que otros. En Galicia se encuentran trísqueles celtas en todas las esquinas y nadie quiere recibir un bofetón a cada paso.

Y que, independientemente de la justificación que hayan inventado para la elección, me parece de lo más adecuado que hayan escogido el símbolo característico del rincón noroeste de la península. Muy adecuado, dado el carácter. Tal parece que lo hubiera escogido un cacique de esos que todavía hasta hace bien poco se ataban metafóricamente a la silla. Quizás, conociendo el percal, dejaba que le sujetaran a ella también literalmente. Por someter y someterse.

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El día termina con una frase:
Gran defensa contra la adversidad efímera es la confianza plena en el valor del valer.

César González Ruano, Diario Íntimo (1951-1965)