—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

El silencio de Madrid

+ Sin comentarios
Tras varias intrépidas aventuras, acabo de trasladarme al barrio de Chamberí y empiezo una nueva etapa vital.

Lo primero que hice el primer fin de semana que pasé aquí fue acercarme hasta la biblioteca Central para pasar una mañana de sábado leyendo. Tenía en mi cabeza algo parecido a la Manuel Alvar, que además de las mesas para los estudiantes ofrece por aquí y por allí algunos cómodos sofás de lectura.

Me equivoqué. En la Central todo está pensado para el estudiante, y a mayores solo pude ver algunos bancos de metal junto a las escaleras, con mucha pinta de incómodos. La sala de revistas es para los lectores de revistas, y yo que a veces me he saltado algunas normas, esta la respeté absurdamente.

Un poco decepcionada, el sábado siguiente fui hasta la Universidad Pontificia de Comillas: el uso de la biblioteca es exclusivo para alumnos. Hasta la biblioteca pública José Acuña, aunque no parece que vayan a tener sofás allí: los sábados por las tardes está cerrada. Hasta el Centro Cultural Conde Duque: solo abren de lunes a viernes.

Además de pecar de clásica, fui un poco ingenua. Debería haber consultado primero el internet, que lo sabe todo.