Oh, regodeo infame en las palomitas requemadas, la pseudo-ciencia de parvulitos y las cintas de correr a excesivo ralentí ante un croma cutre. Mas no me disculparé, pues ¿acaso es menor mi devoción por Murnau, Lynch, Erice, Kieslowsky, Kubrick o Vidor, por haberme decantado por babuinos-lagartos y serpientes marinas de chichinabo, en vez de paladear un sutil tapiz de denuncia genérico-ético-racial con Gregory Peck en el papel de su vida?
Suave. Suave. Subid la intensidad de los latigazos poco a poco y yo os diré cuándo me empiezo a excitar.
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| No, Atticus, yo tampoco lo entiendo |

