2008. Es abril de 1962 en este episodio de "Mad Men" donde una mujer y un cura católico, ambos jóvenes, se encuentran a la salida de la misa del Domingo de Pascua, mientras los niños corretean a su alrededor recogiendo huevos de idem. Intercambian breves palabras amables y luego observan cómo un niño se apresura a recoger un huevo del suelo, arrebatándoselo casi de las manos a otro tan pequeño que apenas sabe andar, dejándole desamparado y desconcertado (y a mí con el corazón roto, porque teniendo diecisiete meses su reacción no puede ser actuada). La chica esboza una sonrisa tensa y efímera y acierta a decir «estos niños...». Él le alarga otro huevo azul, color del renacimiento: «Para el más pequeño», y se aleja con gesto taciturno. El episodio se cierra con un primer plano de ella y, por la expresión de su rostro en ese primer plano, entendemos que acaba de comprender que él ya sabe que tuvo un hijo fruto de su romance con un hombre casado y que, si se aleja, tal vez sea porque se acaba de levantar un muro que impide la amistad que se estaba formando entre los dos. Y aceptamos que lo comprenda sin necesidad de que le hayan informado del motivo por el cual él ha descubierto sus circunstancias, en una elipsis o fuera de campo no destinada al espectador sino al personaje, elipsis que sólo puede darse cuando el primero ya tenía en ese punto más información que el segundo.
En 1895, durante la proyección "La llegada del tren" de los hermanos Lumière, algunos espectadores huyeron de la sala creyendo que el tren se abalanzaba realmente sobre ellos. Algunos de los primeros que vieron el recurso del travelling fueron incapaces de soportarlo. En sólo ciento diez años hemos creado un lenguaje con un elevado grado de abstracción, y aceptamos con naturalidad unas suposiciones, sobreentendidos y maneras de ver el mundo que hemos adquirido sin darnos cuenta. Si unas hordas de otro mundo sustituyeran a la civilización actual dentro de trescientos años, como sucedió tras la caída del Imperio Romano y la desaparición del mundo clásico, ¿seríamos capaces de explicarle a alguien de dentro de mil años en qué consistía el lenguaje cinematográfico? Así igual nos está vedada la comprensión de ciertos antiguos mitos, leyendas, arquetipos, figuritas talladas, grupos escultóricos, edificaciones, costumbres, tipos de escritura (miradas directas a una mentalidad ya desaparecida). No sé si el mundo es uno, fuera de la subjetividad de todos nosotros; supongo que las orquídeas y las medusas seguirían ahí aunque nosotros no estuviéramos para darnos cuenta de ellas. Lo que sé es que, desde que andamos por aquí, lo hemos mirado bajo un millar de códigos distintos.
