—Bien —aclaró el señor Tur Tur—, conmigo sucede lo contrario. Eso es todo. Cuanto más lejos estoy más grande parezco, y cuanto más me acerco, más se ve mi verdadera estatura.
—Usted quiere decir —preguntó Lucas— que no se vuelve pequeño cuando se aleja. ¿Y que no es usted un gigante cuando está lejos, sino que solo lo parece?
—Exacto —contestó el señor Tur Tur—. Por eso he dicho que soy un gigante-aparente.

Ponerse moreno

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Una vez tomada la decisión de un cambio vital, te conviertes en extranjero en tu propia vida hasta que "aquello" llega; alguien que está de paso y a quien de pronto todo le parece ajeno y desajustado, quizá curioso y a veces estimulante, pero no del todo importante, no del todo real como sí lo es Ese Otro Lugar, tu País Verdadero, que guardas en el corazón y que te espera en el pasado o en el futuro.

 

Entonces empiezas a comportarte como alguien que ha decidido ponerse permanentemente a la sombra porque ya no confía en ese sol que le quema tanto como le alumbra. Y esto tiene consecuencias, claro, sobre todo si, para no ponerte en evidencia demasiado pronto, te esfuerzas por fingir que aún tienes la capacidad de ponerte moreno.

 

Decía Marco Aurelio que no hay objetivo individual aceptable que no pase por el bien común. Hoy no hay mayor contribución al bien común que fomentar que en el mundo haya:

  1. Más silencio
  2. Menos prisa
  3. Más profundidad (*)

 

¿Tendrás la fortuna de formar parte del gremio de creadores de tales rarezas? Quién sabe, pero mientras tengas vida inténtalo, un paso detrás de otro.

 

(*) Habría todavía una cuarta: más simplicidad. Pero eso nunca pudo ser...