En el episodio piloto de "A dos metros bajo tierra", un recién fallecido Nathaniel Fisher charla con su hija, tomando el sol en una tumbona. Has tenido suerte, le dice ella. Sí, fue tan rápido que no hubo tiempo de tener miedo ni de pensar en ello; nada de responsabilidades, responde él. Se acabaron las preocupaciones y el aburrimiento.
Y el tener que esperar a morir, recuerda ella.
Él no se había dado cuenta hasta entonces y se ríe, aliviado. Iluminado por el sol.
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Míralos, anda (sólo el último es "spoiler").
