El vídeo me conquista, y esta conquista me disgusta por lo que tiene de manipulada y porque apela a una emocionalidad tramposa, inducida.
Me pregunto si volverá a darse esa espontaneidad incondicionada en una revolución, la que no mide el futuro impacto mediático de sus movimientos. Hoy, cualquier temeridad se realiza con la consciencia plena de las cámaras que le apuntan a uno a la espalda. Sabiendo que mañana los informativos arrancarán con tu imagen, que los periódicos de medio mundo hablarán de ti, seas una sola persona o una multitud indignada, y que siempre habrá un apologista que, con música especialmente seleccionada, hará de tu historia una película con la que el espectador de la realidad pueda experimentar masificadas elevaciones del espíritu.
No estás solo: la Sociedad de la Información, que es decir el mundo, está pendiente de ti.
Otro:
Desde el minuto 8:10: http://www.youtube.com/watch?v=fhWQ_VIh8sE
Varios periodistas filmaban desde el hotel, pero quienes corrían no lo sabían. No eran actores semi-conscientes de los que, repito, calculan el futuro impacto mediático de sus actos, sino padres que habían ido a buscar a sus hijos.
Hoy, en cambio, todo somos conscientes de los medios, ese gran dios voraz que todo lo ve y que por fin se manifestó en la Tierra para condicionar
a) nuestro conocimiento del mundo, y
b) la forma en la que el mundo reacciona a sí mismo.

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