Doctor Zhivago, de David Lean (1965)
Cuando la vi por primera vez, me quedé casi dormida. Él me la puso para compartir conmigo la que consideraba la mejor historia de amor que había visto. No sabía que en este tipo de historias no me identifico con los protagonistas, sino con el lado del triángulo que sale perdiendo (nunca he tenido motivos, pero soy demasiado empática). Cinco años después duele menos, aunque siga sin identificarme con Yuri y Lara. Ah, las películas basadas en novelas... su alma pocas veces es completa. Demasiado apresuramiento en el enamoramiento en el frente; tan apresurado como indefinida está la obsesión con que se desvive el mezquino Komarovsky por ayudarles, más allá de toda comprensión sobre todo si se tiene en cuenta el carácter del personaje; puede suponerse amor por Lara, pero hay que suponer demasiado y no son esas suposiciones que tanto gusto da hacer en base a pistas sutiles y bien construidas que están ahí aunque no se verbalicen.
Pero entiendo más cosas que aquella primera vez. Poder querer a Tonya y amar a Lara. Y enfrente, el vacío de relaciones insatisfactorias y vida gris, borrado por el poder que te otorga saberte amada por quien adoras. Para ambos, la alegría del amor libremente encontrado por encima del que la vida te ha ido imponiendo, aunque haya sido sutilmente y a pesar de que uno al principio se dejara llevar de buen grado, porque no es hasta que llega el verdadero cuando se da uno cuenta del estado de duermevela en el que se había vivido hasta entonces.
Además de la bella metáfora de la balalaika, allí donde está tiene Zhivago su hogar; es lógico que acabe en el regazo de ella.
A falta de revisar el DVD con los comentarios, por si confirma la historia de la espontaneidad de "a las barricadas".
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