—Matushka, ¿por qué tenéis miedo?
—¿Por qué tengo qué?
—Creo que tenéis miedo; los extraños os dan miedo. Conocí a una mujer en Prokovskoe, mi pueblo, una aldea de Siberia. Y esa mujer tenía tanto miedo a los extraños que se compró una caja de madera de pino y vivía en ella. Un día, su marido clavó la tapa, hizo un hoyo y la metió en él. «¡Lvan, no!», gritó ella. «Sólo quiero hacerte feliz», respondió él. «Lo sé. Pero el cielo está lleno de extraños... ¡sácame de aquí!».
Nicolás y Alejandra, de Franklin J. Schaffner (1971)


Publicar un comentario