Pienso que debería hacer esto más a menudo: olvidarse de vez en cuando de sus colores oscuros de mujer discreta y no satisfecha con ningún aspecto de su vida actual, a causa de la debacle que está resultando el profesional. En voz alta le digo que le sientan bien los tonos claros.
Ella me mira con esa sonrisa que siempre acompaña de un encogimiento de hombros, y me cuenta que acaba de estar en una reunión con esa gran institución con la que negocian ella y otras personas de su empresa. Esa que la boicotea sistemáticamente con el objetivo de, según ella, quitarla de en medio. «Al decidir esta mañana en casa qué ropa me pondría para la reunión, pensé que ya que iban a ignorarme por completo, como así ha sido», me dice, «al menos les obligaría a verme».
Yo aprendo, aprendo. Sigo aprendiendo.


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