Es época de soñar con serpientes. Las encuentro continuamente en mi cabeza.
La de esta noche tenía la cabeza triangular y era de color morado. En un momento dado se revolvía contra mí, me atacaba. Yo la enfrentaba sin miedo, la tomaba entre mis manos y la despedazaba, pero un hilo de carne mantenía las dos partes unidas, estirándose y estirándose por más que yo las separara. Mi último pensamiento antes de despertar fue que ese era el sistema nervioso o la médula, algo así, y que mientras no se lo cortara también, la serpiente seguiría viva. Quise cortar, pensé en buscar alguna herramienta, pero me desperté antes de conseguirlo.
Por lo que he podido leer, en general soñar con serpientes es positivo. La interpretación que más me gusta es la que la liga a mi inconsciente más profundo, del que estoy desconectada últimamente quizás por tener una certeza que no consigo hacer realidad. Independientemente de las posibles interpretaciones, sé que estos sueños tienen que ver con esta imposibilidad actual de conseguir lo que quiero. Una de las interpretaciones leídas me dicen que soñar que se mata a la serpiente implica resolver el problema que nos atormenta. Pero ese hilo que mantenía a la serpiente viva en el mío es garantía de que aún no me libro.
Veremos si con la decisión tomada hoy para la vuelta de las vacaciones, los sueños cambian.
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