Salta el corazón disgustado cuando le toca el turno a 'Agua' de Jarabe de Palo en la lista de reproducción. No cabe escuchar más canciones de esos labios después de la sabiduría clarividente de 'Eso que tú me das'. Como mucho 'Bonito' y 'Depende', íntimamente relacionadas con lo que vendría después. Pero ahora él no está, ya no es. Así de fácil es quedarnos con cara de tontos al momento de cruzar de la vida a la muerte. ¿De veras me frustré por aquello? ¿Será cierto que tal cosa me desveló durante tantas noches? ¿En serio fui yo quien reaccionó tan mal a aquello otro? A veces no da tiempo a darse cuenta, pero incluso si lo da, allá cuando se acerca la hora, no sirve de nada: tú lamentas haber dado importancia a lo que nunca lo tuvo, y los demás no escarmientan en cabeza ajena.
Algunos privilegiados se dan cuenta mientras caminan por el tiempo. Cada cual que lo gestione como pueda.
Rueda el trueno por la alfombra de nubes del cielo de Madrid mientras atardece y yo veo mi vida tras de mí y ante mí. Caminamos por el tiempo hacia atrás, es decir, de espaldas, mirando siempre hacia el pasado sin ver dónde ponemos los pies. Si nos diéramos la vuelta no ganaríamos mucho con la vista del futuro: una oscuridad en la que se van destacando bultos informes, cada vez más nítidos a medida que los tenemos a centímetros de la cara. Interactuamos un instante con ellos, estrechamos sus manos para confirmar humo, lamemos su glande en el punto exacto que conduce al éxtasis, reímos y les queremos cuanto dure, nos maravillamos con la naturaleza siempre cambiante, siempre la misma, un pincho de tortilla que viene a nuestros labios, un accidente de coche, una enfermedad, cientos de sorpresas, aprendizaje continuo que no se sabe hacia dónde va. Y luego se proyectan hacia el pasado, estirándose durante el tiempo que comparten nuestro presente.
Ciertamente curiosa, la vida esta. Cuando se ve de esta forma podría haber la tentación de no aferrarse y, aun así, unas cuantas personas, ideas y cosas al azar se acercan al calor de nuestro corazón y allí se quedan. Es inevitable. Somos seres con una enorme capacidad de apego y no hay mayor placer en este sinsentido que encontrar a "nuestra gente", "nuestra pasión", aquello que se sincroniza con el paso de nuestra alma.
Por eso no debería caber disgusto con 'Agua', porque es fundamentalmente una canción de vida. Vida que todavía está. Todavía es. Todavía tiene capacidad de dolernos pero también de sorprendernos.

Publicar un comentario