Una madrugada-ya-casi-mañana de hace 22 años, me crucé en la televisión con un nocturno al piano que me fascinó. Mientras lo escuchaba, era consciente de que, como en aquel momento no tenía manera de grabar la pieza, acabaría por olvidarla al cabo de unos días, como así fue. Por eso, durante aquellos minutos en los que la luna bajaba detrás del horizonte y la primera luz del amanecer acariciaba las copas de los robles, cerré mis ojos y decidí dejarme envolver por la melodía, sabiendo que el placer equivalía al de ver pasar una estrella fugaz.
Algo parecido me ocurre hoy con uno de los elementos que forman parte de la esencia de A y que me gustaría recordar para siempre.
En cambio hay muchos otros que sí se podrían capturar. Podría por ejemplo describir las sensaciones que me produce, porque aunque las palabras sean limitadas me permitirían evocarlas (las sensaciones) toda la vida. O podría grabar un vídeo de un segundo y medio de nuestros encuentros para guardarlo en 1SE y así inmortalizar su mirada que me contempla como nadie, la textura de su piel, la delicadeza de sus caricias, esa deliciosa singularidad de su nariz, o un segundo y medio de su voz que llevo clavada en el alma.
El elemento que no puedo retener de ninguna manera es su olor en mis manos cuando vuelvo de verle, de pasar juntos uno de nuestros "muchos pocos".
Dudo que pueda inventarse alguna vez el archivador que consiga hacer perdurar algo tan mágico como un olor. Mágico porque, siendo incorpóreo como la luz y también efímero, es tan poderoso que puede reactivar las memorias olvidadizas y conjurar los recuerdos enterrados en lo más profundo, como bien sabía Proust.
Pero no tengo forma de guardarlo. Por eso, cuando llego a casa, cierro los ojos y me abrazo la cara con las manos, para aspirar profundamente cada partícula que ha dejado su rastro mientras mis dedos se bañaban en él. Me recuerda al olor tibio de la madera que fue cortada hace unos días y ha estado apilada al sereno en verano, oculta entre hierbas frescas y aromáticas en un entorno limpio, tranquilo y que produce calma. Tres cualidades que también le definen a él incluso cuando hace brincar todos mis anhelos.
Dentro de unos días ya me será imposible evocar este olor de la nada. Pero, a diferencia de aquel nocturno perdido, todo parece confabularse para que pueda engancharlo en mis dedos varias veces más.

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