
Se fueron, devolviéndonos el silencio, pero dejándonos envueltos en un aire que siguió vibrando con el rastro de su alegría de segunda infancia.


No quiero que vaya de sexo, o de tiros, o de persecuciones de coches; ni de personajes que aprendan grandes lecciones de la vida, o que lleguen a quererse uno al otro, o a superar obstáculos y que triunfen al final. El libro no es así y la vida tampoco.Pero resulta que tiene un hermano gemelo, Donald, que sí se siente a gusto en su cuerpo y en su cabeza, que asiste a cursos sobre cómo escribir buenos guiones y prepara uno repleto de todos los clichés comerciales. Así que, como este personaje es el más simbólico de todos al no haber existido nunca, cuando Charlie le invita a Nueva York para que le ayude, la película da un giro y surgen la historia de amor entre la escritora y el horticultor; una droga que abre la percepción y es la llave a la fascinación; las persecuciones; los intentos de asesinato; las lecciones de vida; esa evolución de personajes que su hermano quería evitar; los accidentes; el deus ex machina del cocodrilo... y la muerte; por más que sea cierto que en muchas de las vidas reales casi nunca ocurre nada, la muerte nunca queda fuera de ninguna de ellas.


—El árbol que no se dobla se rompe, Cedric.
—Si se dobla de más, es que ya está roto.
––Gracias por tan excelente comida ––dijo relamiéndose––. ¡Qué hijos tan hermosos tienes! ¡Cómo se adivina en ellos la nobleza! Tienen unos ojos enormes. Y qué maravilla de juventud la suya. Aunque nada de esto me debería extrañar. Los hijos de los reyes son hombres desde que nacen.
Tabaqui sabía de sobra que no ayuda a la buena crianza alabar a los lobatos estando ellos presentes. El descontento se reflejaba en la actitud de Madre Loba y de su pareja.
El libro de la selva, de Rudyard Kipling (1984)
Gran defensa contra la adversidad efímera es la confianza plena en el valor del valer.
César González Ruano, Diario Íntimo (1951-1965)
![]() |
| No te tires, tonta. ¡Te elegí a ti! |
—Hay un negocio que nadie ha visto todavía y que podríamos empezar. Una flota y una factoría para explotar el bacalao. Hace falta más dinero, pero lo encontraríamos. En Pueblanueva hay un excedente de trabajadores que mi astillero no puede todavía asimilar; son los que andan a la pesca. Mientras esa gente no se acomode, en Pueblanueva no habrá prosperidad. Y cuando el famoso Sindicato dé en quiebra, que la dará, ¿qué haremos de esa gente? Ellos piensan siempre que estoy yo detrás, y que cuando las cosas vayan mal les daré empleo en el astillero. Pero yo no sé si podré hacerlo. Es muy caro transformar a un pescador en obrero. En cambio, el que está acostumbrado a pescar sardinas lo mismo pescaría bacalaos. Tenemos las tripulaciones...
—¿Por qué me descorazona? —dijo el fraile, con voz angustiada.Y así, otra vez de golpe, se me cambian las tornas de nuevo, las que había ido construyendo poco a poco durante casi 400 páginas y que había verbalizado por fin unas cuantas más atrás, dando la bienvenida al dinamismo y el pragmatismo. Y me encuentro cuestionando si es loable tanta acción, tanto avance y tanto progreso, si llevan a una sociedad mezquina y monetarista, a la que se le pueden poner muchos adjetivos, salvo el de cohesionada y bien cimentada.
—Sólo quiero prevenirle y evitar que, sin querer, se aparte de la realidad. Pase lo que pase, habrá hecho usted una hazaña gigantesca: habrá dicho la verdad. siempre más que yo, porque yo, ante la imposibilidad de tener paciencia y esperanza, renuncio de antemano a mi utopía y condeno de por vida a nuestros amigos al uso y abuso de sus complejos. Pero siempre menos que Cayetano. Cayetano nos ganará porque su fórmula consiste sólo en dar de comer a todo el mundo, lo cual es compatible con seguir odiándose, con seguir envidiándose, con hacerse daño los unos a los otros, que es lo que verdaderamente apetecen. Usted quiere hacerlos buenos, yo me contentaría con que fuesen apacibles. Ni la paz ni el amor les interesa. Rechazarán a Cristo con la misma energía con que rechazarían a Freud. Pero no creo que rechacen un jornal suficiente, a menos si se ofrece a los demás sin merma del jornal propio. Porque, en ese caso...
Habían atravesado la plaza. Se oyó, súbita, ronca, sobrecogedora, la sirena del astillero.